Vivir y disfrutar

Porque no todo en esta vida es sufrimiento, porque siempre hay algo por lo que vivir, hay que seguir adelante, sin molestar, en tu mundo, en tus pensamientos. El pasado pasó, ya no se puede cambiar nada de lo que pasó, ahora estamos en el presente, y en el futuro… quién sabe lo que pasará, simplemente se cierra una etapa y se abre otra, será mejor, será peor, eso me da igual, no es lo importante, pero lo que sí sé es que quiero vivirla absorbiendo todo lo que me sea posible de ella, porque quiero, simplemente, vivir y nadie me va a fastidiar eso.

Ahora tengo ganas de escuchar un poco de música, os dejo aquí la que me ha gustado mucho, se llama Scheherazade, es una obra que cuenta una historia a través de la música, sólo con escucharla se pueden percibir los difirentes estados de ánimo y los diferentes lugares, para que podáis apreciarla aún más os dejo con la historia de la obra que está dividida en cuatro movimientos, empieza así:

En El mar y el barco de Simbad, la música comienza con la amenazante figura del sanguinario sultán en los trombones, tuba, maderas graves y cuerdas, tras la que, brillando entre ricos acordes del arpa, escuchamos la voz de Scheherezade en el violín solo, que comienza temblorosa la primera de las historias. El inmenso mar se manifiesta en grandes olas de parte de toda la orquesta. Navegamos en el barco de Simbad (flauta, oboe y clarinete) y vemos las velas hinchadas, el sol en las aguas, la calma del mediodía, una tormenta que aminora, y seguimos a la joven hilando la historia… El sultán se duerme y la esposa pospone su destino por un día.
El cuento del Príncipe Kalender se refiere a un príncipe que ahora es un monje mendicante que ha profesado votos de pobreza, castidad y humildad. Escuchamos su historia de parte del fagot. Es tímido, serio, aunque algo burlón. Las feroces fanfarrias del trombón y la trompeta nos arrastran a una escena de esplendor bárbaro y salvaje. Rimsky lanza luminosas masas de color como joyas brillantes procedentes de un cofre y el torbellino y la pompa de un solemne desfile nos sitúa en un ambiente opulento. Es la primera vida del príncipe cuando se rodeaba de gloria y poder. Hay cierta nostalgia hasta que el movimiento termina con un rimbombante crescendo.
La tercera parte, El joven príncipe y la princesa, es la sección más lírica. Una cautivadora canción de amor de los violines representa al joven, mientras que el clarinete habla por voz de la dama. Más tarde, el ritmo de la pequeña percusión añade un efecto picante a esta amorosa escena.
Termina la obra con la Fiesta en Bagdad. El barco de Simbad se estrella contra las olas. El Sultan entra en la alcoba y Sheherezade comienza la descripción de una fiesta oriental llena de vida y color en la que la orquesta ha de mostrar su capacidad virtuosa. Bailarines, trajes lujosos, perfumes… oriente en música. Retornan los temas de los movimientos anteriores, todos llenos de energía que mantiene el ritmo de la fiesta. Recordamos a todos los personajes de los relatos y finalmente, la orquesta nos transporta a la cubierta del barco de Simbad, ahora en medio de un terrible temporal de olas gigantescas que lo precipitan contra las rocas coronadas por la estatua de un guerrero. Finalmente se escucha la voz de Sheherezade que nos llama desde el fantástico mundo que ha creado y el Sultán habla de nuevo, pero suave y gentilmente, pues ha renunciado a su terrible propósito. El violín solo asciende a lo más agudo para terminar la suite en sereno y luminoso triunfo.