Nostalgia

Últimamente, desde que comenzamos a ensayar de nuevo con la banda Marchas Procesionales, no puedo evitar al interpretar algunas, sentir un poco de nostalgia. Son ya muchos años, exactamente, en septiembre de 2010 haré 10 años que toco el clarinete. Y como es normal, no puedo dejar de echar la vista atrás y recordar situaciones, amigos, compañeros que ya no están, porque han decidido cambiar la banda, irse a vivir fuera o dejar la música.

Esto me ocurre más con las marchas por una razón muy simple, son más o menos las mismas, y en años pasados no me pasaba, pero ahora sí. No se si será porque ahora con los problemas que estamos teniendo, y con el peligro de que vaya a más, empiece a recordar los buenos momentos… pero bueno, así ocurre.

Ayer mismo, en una actuación en el Real Teatro de las Cortes, en la que se le entregó la medalla de hijo predilecto a un artista isleño, interpretamos una marcha que me ha acompañado desde siempre, y que es de las mejores que puedes escuchar. Se llama Amarguras, de M. Font y de Anta. A esta le tengo cariño porque fue de las primeras que toqué, aunque en aquellos tiempos… más bien le daba porrazos a mi clarinete.

Otra que me encanta y que siempre que se toca, me hace poner los pelos de punta es Jesús de las Penas. Una marcha preciosa cuyo trío -melodía final, normalmente muy dulce- es de los mejores que he tocado, comparable con el trío de Al Santo Patrón, podéis escucharla aquí. Bueno, Jesús de las Penas es de mis favoritas porque, a parte de lo que ya he dicho sobre la marcha en sí, fue la primera en la que toqué el papel de Clarinete Primero y ya sólo por eso, es especial para mí.

Así me puedo llevar bastante tiempo, tanto, como marchas he tocado, pero de entre todas, hay algunas a las que siempre irán unidas anécdotas. Como por ejemplo, Hiniesta Coronada. Una marcha, que no tiene en principio nada especial, pero que para un grupo de amigos míos y para mí, tiene un significado diferente. Os lo voy a contar.

Fue en la Semana Santa del 2007, uno de los años en que más frío hacía, cuando decidimos por primera vez ir a tocar en la Madrugá (Noche del Jueves Santo) a Sanlúcar de Barrameda. Como es de esperar, hacía tanto frío que los grajos iban bajo tierra.

Después de tocar aquí esa misma noche, a eso de las 2:00 a.m. nos montamos en el autobús y arrancamos con dirección a Sanlúcar, llegamos allí sobre las tres menos veinte más o menos. Nos bajamos… y casi nos congelamos. Allí hacía más frío que en San Fernando y no nos lo esperábamos. Bueno, fuimos andando hacia la iglesia de la que salía (estaba en una pequeña montaña, en el centro de la ciudad), y esperamos a que saliera. Salió y empezamos a tocar mientras nos íbamos metiendo por las callejuelas y cada vez nos dábamos cuenta de que las calles estaban más solitarias. Tanto que, a veces, sólo estaba la procesión y la banda. De vez en cuando una pareja de ancianos que se asomaban al balcón de su casa… pero nada, más vacío que la Universidad el 31 de Diciembre.

Total, que así seguimos unas buenas horas hasta que, sobre las seis de la mañana, se hizo un refrigerio y entramos en un bar que estaba abierto, todos nos tomamos unos buenos cafés calentitos porque aún quedaba tiempo. En esto, que estamos ahí sentados tan tranquilos cuando uno puso la taza de café sobre una carpeta de marchas de un compañero, dejando sobre la marcha Hiniesta Coronada, un mancha de café. Marcha que, curiosamente, fue la que tocamos al reanudar la procesión.

Aquí no queda la historia, porque el café que mi amigo (que ya no está en la banda) puso sobre la carpeta, fue el primero que se había tomado, o eso le parecía. Y claro, se puso muy nervioso. Debido a ello le dio por decir durante todo el resto de la procesión una frase que se ha convertido en fija en Semana Santa, y que decía:

“- ¿Tienes sueño? -preguntaba.

– Sí.

– ¡Pues tírate para atrás como si estuvieras en tu cama!”

Al principio puede que hiciera gracia, pero os juro que, cuando llegaron las 10 de la mañana, y teníamos que subir la “montaña” no nos hacía nada de gracia. Pero ahora mira, se ha convertido en costumbre decirlo cada vez que tocamos esta marcha, aunque este año se ha quitado del repertorio…

Así que terminamos esa procesión a las 10 y algo de la mañana, con mucho sueño, frío y dolores de espalda. Pero con una anécdota más.

Siguiendo con unas cuantas marchas más que hacen que sienta nostalgia… Soledad Franciscana, La Madrugá, Tus Dolores son mis Penas (rebautizada por nosotros como Mis Penas son tus Dolores), Lloran los Clarines, Santa Vera Cruz, y un largo etcétera.

Marchas que están asociadas, y lo estarán, a amigos con los que compartí gratos momentos. Ahora tengo ganas de que venga de nuevo Semana Santa, no por lo religioso, ni de coña, sino por los amigos y compañeros que en esas noches frías y en ocasiones solitarias, no dejamos de hacer lo que realmente nos gusta. Hacer música.

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