Desahogo y Mikados

Es cierto que la mayoría de las veces, cuando escribo una entrada de algo personal, a menudo son para desahogarme, para decir única y exclusívamente lo malo, las malas experiencias. Y es verdad lo que leí el otro día en Ni libre ni ocupado de que nos ponemos a escribir sólo para eso, para desahogarnos.

En cierta manera, Internet es nuesto psicólogo, y escribir es una manera de desahogarnos, de librarnos, a veces, de la carga que llevamos encima. También es verdad que leer siempre cosas de éstas no debe de ser muy bueno, te tiene que dar un bajón de vez en cuando. Ya podréis haber visto que con el paso del tiempo he ido dejando de decir mis sentimientos como antes (también hay que tener en cuenta que ahora mismo paso de esos temas, si tiene que venir algo, llegará), lo que pocas veces se ha visto por aquí son cosas personales de un tono diferente, no tanto de quejas o de pocas ganas, sino más bien de temas agradables. Y eso es lo que quiero empezar a escribir también, los buenos momentos. Cierto es que son más difíciles de escribir, porque no hay nada como la tristeza, la nostalgia para que escribas mejor, pero bueno lo intentaré. Voy a empezar con lo que ocurrió el miércoles, uno de los mejores días de este curso.

Un día más o menos tranquilo, clase práctica de Estructuras de Datos por la mañana y a las cinco de la tarde una conferencia para terminar después con dos horas de álgebra. Un día tranquilo comparado con otros. Pues estaba siendo todo normal, y después de la clase de la mañana quedé con dos amigos para comer y pasar el rato hasta que viniera la conferencia.

Pues ya después de comer un gran bocadillo del Churrete (recordadme que un día os hable sobre la mejor tienda de bocadillos), un amigo se compró un paquete de Mikado y nos ofreció uno. Lo cogí y ahí empezó lo bueno, cogiéndolo por la parte que no tiene chocolate, a modo de batuta de director de orquesta, me puse a dirigir una orquesta imaginaria.

Ahí estaba yo tan contento cuando al dar la entrada a que empezaran a “tocar” se rompió el mikado y salió disparado hacia la ventana, digo yo que buscando alguna escapatoria desde la que alejarse de mí, pero se encontró con dicha ventana cerrada y cayó al suelo de una forma muy triste. Ahora que lo pienso, al momento justo en el que yo daba la entrada se le podría poner música. Yo pensé más bien en la de Asi hablo Zaratustra y el momento de máximo explendor sería cuando estaba llegando a la ventana para terminar de un modo brusco cuando chocara con ella… Qué bien habría estado que sonara en aquel momento.

Unos cuantos Mikados

Bueno, luego hubo momentos graciosos también hasta que llegó al culmen y que fue la imagen de la anterior entrada, cuando explotamos de la risa. Fue un buen día, sí señor.

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