El último beso

Ahí estaba él, asomado a la ventana, observando la tranquilidad de una noche de verano. Se escuchaba de fondo algún que otro coche pero casi no molestaban porque él estaba tan absorto que parecía que la noche no avanzaba.

Al rato bajó a la calle, puso a The Beatles en sus oídos y emprendió la marcha, las calles vacías hacían que el paisaje pareciera extraño pero bello a la vez. Era un contraste tremendo comparado con, por ejemplo, la misma calle a las doce de la mañana.

Siguió andando, no miraba atrás, lo que ocurrió hace una semana había pasado, tenía que dejar de pensar en aquello. Ella ya no estaba, se fue.

Ya había dejado atrás la ciudad y su constante murmullo, aunque reducido por la noche. Se sentía mejor, más relajado y más a gusto consigo mismo. Había decidio dejarlo todo, irse por ahí con una simple mochila a disfrutar de la vida. Bonita idea, pero difícil de cumplir.

Poco a poco el sueño fue colándose en cada respiración y a las 3 horas se tumbó al cobijo de una roca a dormir allí, su primera noche a la deriva.

Se despertó con bastantes dolores, sin duda, la tierra no era un buen colchón y pasó factura.

“No pasa nada” – pensó él, y siguió su camino hacia lo desconocido, sin darse cuenta de que no había dormido solo, había alguien más ahí.

Pasaron las horas, los días, las semanas y fue pasando por distintas fases: desesperación, comodidad, negatividad, alegría, tranquilidad… pero siguió adelante, no iba a consentir volver a caer en lo mismo. Y sí, esa persona seguía siguiéndolo sin que él se diera cuenta.

Al año, más o menos, contrajo una enfermedad, una infección que se fue extendiendo quitándole la fuerza y energía que tenía cuando comenzó aquel viaje hasta que un día cayó insconciente al suelo y se quedó ahí, boca a bajo con un pequeño hilo de sangre saliéndole de la cabeza. Entonces ella se acercó y le dijo al oído:

“Tranquilo, todo ha pasado, has llegado al final del trayecto, ahora podrás descansar y podremos estar juntos hasta el final de los tiempos”

Y lo besó mientras él abría sus ojos una última vez para verla y, antes de que ella separara sus labios, los cerró para no volver a abrirlos más.

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